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La crisis sanitaria que estamos viviendo durante los últimos meses en España y en el mundo ha visibilizado todavía más uno de los grandes problemas de la globalización tecnológica: el auge de la desinformación y las fake news. La desinformación es un problema ligado a internet y a las redes sociales desde hace mucho tiempo, pero cuando lo que está en juego es la salud de la población se hace todavía más necesario combatirlo.

 

Los medios de comunicación y las redes sociales tienen la función de explicar a la sociedad todo lo que sucede para que las personas puedan tomar decisiones desde una base informativa y veraz.

 

A su vez, estas formas de comunicación hoy en día establecen la instantaneidad como el ritmo normal de la información. Este mismo ritmo es el que nos acaba haciendo “aceptar” las noticias no verificadas como un componente más de las propias redes sociales.

Así, en esta tesitura surge un nuevo concepto: la infodemia. Esta hace referencia a la sobreabundancia de información que, muchas veces, va de la mano de rumores y datos falsos. Este hecho siempre ha creado conflictos que ahora han empeorado teniendo consecuencias como la confusión, el pánico y las malas praxis por parte de los consumidores de contenidos.

Además, el aislamiento en casa está aumentando la propagación de falsos contenidos. Esto se debe a que mucha gente disfruta de su tiempo de ocio mediante internet y las pantallas. No solo eso, sino que la preocupación hacia la situación hace que se comparta la información con otras personas sin antes verificarla.

La desinformación, aparte de originar malentendidos entre los usuarios, también hace que estos actúen en consecuencia llevando a cabo prácticas erróneas. Entre otras, los rumores y mitos referentes a la prevención o cura del coronavirus son los que más preocupan a los expertos.

 

Todas estas fake news de las que hablamos se sustentan en las emociones humanas para tener éxito.

 

De esta forma, los que las emplean suelen querer hacernos pensar de una manera que beneficie a este receptor en cuestión. Sólo con esto ya se están vulnerando los principios que rigen los medios informativos, que deben ser siempre imparciales y objetivos.

Aparte de este conflicto entre veracidad y falsedad se le suma la aparición de nuevas estafas por parte de los delincuentes cibernéticos. Es tal el desconcierto general que los engaños por parte de hackers se hace muy efectiva si se emplea como “gancho” el coronavirus. De esta manera se puede lograr que el usuario acabe revelando datos privados como la información bancaria.

Frente a este panorama de descontrol y opacidad informativa, autoridades como la guardia civil piden la colaboración ciudadana de la mano de los siguientes consejos:

  • Desconfiar de datos e información en los que no se especifique la fuente

  • No confiar en datos que contrastar en exceso con las cifras oficiales

  • Informar a las autoridades correspondientes de las ciberestafas detectadas

En definitiva, en esta última etapa que está viviendo internet se evidencia cómo la viralización propiciada por las redes sociales y la mala actuación de algunos medios a la hora de publicar datos sin contrastar dejan en evidencia la credibilidad de estos. A la vez, sin embargo, esta realidad supone una gran oportunidad para los medios, pudiendo actuar como buenos canales de información y ganarse la credibilidad de la audiencia en base al contraste de información y la veracidad.

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